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Cuando empecé a practicar yoga veía todas las taras de mi cuerpo, y no solo las mías.

Me di cuenta de que la realidad en una clase es otra a la que puedes ver en las redes sociales, la gran mayoría de la gente que empezamos a practicar no llegamos a tocarnos los pies, ni podemos estirar las piernas y ni plegarnos como un acordeón. Y, aunque es obvio que la flexibilidad se gana con una práctica continuada, empecé a observar que un alto porcentaje de alumnos que asistían a clase tenían alguna lesión.

Ésta fue la razón que hizo que me interesara aprender un estilo de yoga que pudiera adaptarse a cada persona.

¿Quieres saber más?

Te lo cuento en el POST que ha publicado LIFESTYLE de larazon.es «Lo que nunca te contaron del Yoga Terapéutico»

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