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Dice el refrán que “La paciencia es la madre de la ciencia” y qué cierto es. Es la gran virtud anhelada por todas nosotras, es la madre del éxito.

Tener paciencia en casa, en el trabajo, en los negocios, en el tráfico, en una venta, en una compra, en un acontecimiento, en las largas esperas, en un aprendizaje, en un resultado esperado, en un problema, en una solución, en encontrar, en ampliar.. y un largo etcétera para darnos cuenta de lo necesaria que es la paciencia.

Cultivarla a través de la práctica del yoga puede cambiar la calidad de tu vida casi de inmediato.

El ritmo frenético de esta sociedad y nuestro queridísimo estrés hacen que vivamos en la más absoluta impaciencia. Queremos todo para “ya”, no podemos esperar a más tarde, a mañana y del año que viene, mejor ni hablar.

En realidad, creo que lo que nos pasa es que no sabemos esperar porque nos enseñan justamente lo contrario. Nos incitan a correr, a ir con prisas, a cumplir con plazos imposibles…

La vida lleva su ritmo y sus tiempos y no está en nuestras manos acelerarlo. Tratar de hacerlo lo único que nos trae es frustración e insatisfacción. La impaciencia nos produce emociones como la ira y la impotencia.

Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea –Benjamin Franklin

El yoga pone a prueba tu paciencia y tu constancia. Si bien es cierto, cuando empiezas en yoga notas enseguida un bienestar incalculable, su práctica no da resultados inmediatos, hay que hacerla despacio y de forma regular y sólo podrás avanzar cuando tu cuerpo y tu respiración  te indiquen que es el momento adecuado.

Solo practicando dejaras de ser una principiante y lo que te pareció imposible el primer día conseguirás hacerlo sin dificultad si perseveras, lo que hará que te sientas orgullosa de ti misma. Pero el yoga no es una práctica para alcanzar una meta sino un proceso interminable de autodescubrimiento y auto transformación.

Os dejo parte de un artículo que escribió Gopala, profesor de la escuela Sivananda, para Yogaenred.com que habla sobre el yoga de la paciencia:

Muchas veces, especialmente cuando llegamos a un centro de yoga, preguntamos:

-¿Cuántas veces tengo que venir para que el yoga me sirva?

-¿Dos, tres veces por semana, todos los días?

-¿Es mejor hacer unos cursos de iniciación o ir directamente a las clases ordinarias e ir aprendiendo?

-¿Tengo que practicar en casa o mejor hacerlo solo en el centro?

-¿Tengo que hacerme vegetariano y cambiar la dieta de toda mi familia?

En nuestra vida tenemos cuantificada y medida la casi totalidad de nuestras acciones, de nuestros pasos, y al principio no solemos considerar el yoga como algo diferente en el espectro de la cuantificación y de la medida del tiempo.

El Yoga va más allá del tiempo y del espacio

Pero el camino y la práctica del yoga, como cualquier otro sendero de conocimiento, van más allá del tiempo y del espacio y difiere del resto de las actividades y rutinas que emprendemos a lo largo de nuestra vida diaria.

Necesitamos obtener los logros de nuestra práctica de forma inmediata. Así lo exige el tiempo en el que vivimos, en el que la pausa vital, la constancia, la perseverancia, la tranquilidad y la paciencia no son precisamente las virtudes que se exponen en la publicidad que nos bombardea cada día.

Hoy todo tiene que ser inmediato, cualquier dieta, cualquier nuevo deporte, juego, o actividad de ocio, debe tener efectos sorpresivos, como el rayo.

-Libros resumidos para alcanzar logros intelectuales que llevan años de aprendizaje,

-Posibilidad de perder varios kilos en cinco días sin pasar hambre,

-Conocer la actualidad en cinco minutos sin esfuerzo,

Muchas veces, especialmente cuando llegamos a un centro de yoga, preguntamos:

-¿Cuántas veces tengo que venir para que el yoga me sirva?

-¿Dos, tres veces por semana, todos los días?

-¿Es mejor hacer unos cursos de iniciación o ir directamente a las clases ordinarias e ir aprendiendo?

-¿Tengo que practicar en casa o mejor hacerlo solo en el centro?

-¿Tengo que hacerme vegetariano y cambiar la dieta de toda mi familia?

En nuestra vida tenemos cuantificada y medida la casi totalidad de nuestras acciones, de nuestros pasos, y al principio no solemos considerar el yoga como algo diferente en el espectro de la cuantificación y de la medida del tiempo.

El Yoga va más allá del tiempo y del espacio

Pero el camino y la práctica del yoga, como cualquier otro sendero de conocimiento, van más allá del tiempo y del espacio y difiere del resto de las actividades y rutinas que emprendemos a lo largo de nuestra vida diaria.

Necesitamos obtener los logros de nuestra práctica de forma inmediata. Así lo exige el tiempo en el que vivimos, en el que la pausa vital, la constancia, la perseverancia, la tranquilidad y la paciencia no son precisamente las virtudes que se exponen en la publicidad que nos bombardea cada día.

Hoy todo tiene que ser inmediato, cualquier dieta, cualquier nuevo deporte, juego, o actividad de ocio, debe tener efectos sorpresivos, como el rayo.

-Libros resumidos para alcanzar logros intelectuales que llevan años de aprendizaje,

-Posibilidad de perder varios kilos en cinco días sin pasar hambre,

-Conocer la actualidad en cinco minutos sin esfuerzo,

Si quieres ver el articulo entero pincha aquí.

El yoga te enseña a saber esperar y a mantener la calma, a dejar que las cosas ocurran cuando tengan que ocurrir y a llevar un ritmo saludable. Y esta paciencia que adquieres en tu práctica, la trasladas a tu vida, a tu día a día. Eso es lo mejor de todo.

Te aseguro que esta bendita paciencia se traslada a tu forma de trabajar, a la actitud frente a los problemas y a tu manera de afrontar los desafíos. 

Dejas que la vida fluya a su ritmo natural sin sufrimientos.

Cuando eres paciente, bajas el ritmo, te vuelves más consciente y disfrutas del momento presente. Ser paciente es saber esperar a que lleguen las oportunidades y aprovecharlas en el momento que ocurren. 

La paciencia es un elemento clave del éxito – Bill Gates

Para terminar, os dejo otro artículo , esta vez del blog Meditación y yoga, que invita a la reflexión sobre la paciencia:

La paciencia es una gran virtud

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:
Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30metros! ¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no «ver» el resultado que esperamos, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo… Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos…

Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, en sus estudios, apuramos al chófer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué…

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…

¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la PERSEVERANCIA, ESPERA Y ACEPTACION

Cuéntame ¿Te animas a trabajar la paciencia?

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